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Opinión

El cierre del INMeT, un daño incalculable

Por Miguel Riquelme

"Las enfermedades desatendidas no existirían si no hubiese personas olvidadas" nos decía el Dr. Daniel Salomón, hace tres años.
Salomón dirigió el Instituto Nacional de Medicina Tropical (INMeT), desde su nacimiento el 8 de febrero de 2011 hasta el año 2024. La institución se creó para la generación y difusión de conocimientos sobre las condiciones de transmisión o exposición a agentes relacionados con la salud en nuestra región, y para fundamentar políticas de salud pública. Un espacio donde investigadores e investigadoras trabajaban en proyectos regionales y de cooperación internacional para el abordaje de enfermedades desatendidas.

Hasta los primeros meses de este 2025, estaban desarrollándose 42 proyectos financiados o con financiación externa sobre diagnóstico de situación, estudios de foco y estrategias de prevención de eventos de salud en el área tropical y subtropical. Se trabajaba en temas como Hantavirus, bacterias como Rickettsia, Bartonella y tuberculosis en animales silvestres, enteroparásitos urbanos, rurales y en comunidades aborígenes, patógenos transmitidos por garrapatas e insectos como Leishmania, fiebre amarilla, accidentes producidos por animales venenosos locales, etc. para todo este trabajo, el INMeT poseía equipamiento de última generación.
En el 2022, el instituto fue reconocido por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) como centro de referencia para la vigilancia y control de leishmaniasis, por el TDR-OMS regional para realizar cursos de capacitación, por el IDRC de Canadá para liderar proyectos de los tres países de la Triple Frontera. Ese mismo año se presentaron las líneas de cooperación de la OPS/OMS para este abordaje y las metas de eliminación y control de las enfermedades desatendidas propuestas para el año 2030. Por ejemplo, eliminar la lepra y la malaria en Argentina, propuesta hecha en el marco de la reunión del Consejo Regional de Salud (CORESA) del Noreste Argentino.
Con pretextos como una supuesta “ineficacia y superposición de tareas con otras áreas de ANLIS-Malbrán”, las autoridades nacionales decidieron cerrar la institución.

Escribía Salomón: “Atender enfermedades tropicales desde Buenos Aires implica campañas cortas, costosas, con tránsito innecesario de material biológico de riesgo y resultados dudosos por eventualidades climáticas. Estar localizados en la triple frontera, con su flujo constante de turistas, representó un acto de soberanía sanitaria e integración regional. Desperdiciar la enorme inversión realizada por el Estado en formación de recursos humanos, infraestructura y equipamiento, sí es ineficiencia”.
Se trata de un grupo importante de jóvenes y talentosos investigadores que eligieron construir su vida personal y laboral en Puerto Iguazú, lo que implicó establecer vínculos con la comunidad, desarrollar proyectos a largo plazo y apostar al arraigo en una zona de frontera atravesada por profundas desigualdades.

El desfinanciamiento de la ciencia y la investigación es uno de los temas más delicados y preocupantes de las políticas actuales del gobierno de Javier Milei. Nadie puede cuestionar que la ciencia y la investigación son el motor para el desarrollo y el progreso de un país. La ciencia no es un lujo, es una necesidad que debe ser protegida y promovida con decisión. La clave para superar los desafíos que nos presenta la salud en estas regiones, reside en la capacidad de generar conocimiento y soluciones a partir de la investigación y la colaboración, algo que solo será posible si se asegura la financiación y la infraestructura adecuada para la investigación científica.
Citamos nuevamente al Dr. Salomón: “ante los argumentos falsos o falaces esgrimidos en la disolución arbitraria del INMeT, nos vemos en la obligación de aclarar estos puntos. No solo en defensa de una trayectoria y un esfuerzo colectivo, sino por los agentes que se mudaron con sus familias a Puerto Iguazú, creyendo en forma altruista en un proyecto sanitario. Pero, sobre todo, por el futuro del país, ante una estrategia de tierra arrasada que busca dificultar la reconstrucción de un Estado para todos los argentinos, donde la salud, como parte de la dignidad humana, sea un derecho y no una mercancía”.

Fotografías: Anlis Malbrán - La voz de Cataratas