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Entre la tiranía de la inmediatez y la fatiga informativa

Análisis mediático

Entre la tiranía de la inmediatez y la fatiga informativa

Por Ana Victoria Espinoza

Cómo entender a la comunicación hoy. Cuáles son las consecuencias de las fake news, los discursos de odio y la desinformación. Cuáles son los desafíos del periodismo. Son algunas de las preguntas que descifra el grupo Postdato de la UNaM

Sin dudas, la comunicación ocupa un rol preponderante en nuestras sociedades. En los últimos tiempos, la producción y el consumo de información han sufrido transformaciones trascendentales. En este contexto acelerado y efímero, es necesario detenerse para analizar qué nos dicen los medios, cuáles son las nuevas maneras de comunicar y cómo se construye poder en la actualidad.
Con este objetivo, la revista Nexo Universitario dialoga con Postdato, un grupo de estudiantes, graduados/as y docentes de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM).
Los problemas que enfrenta el periodismo actual, los discursos de odio, el uso de las redes sociales, el avance del streaming, la des/sobreinformación, fake news, el agotamiento informativo, son algunos de los temas que se abordan en esta entrevista.

¿Cuáles consideran que son los mayores desafíos que enfrenta el periodismo tradicional en Argentina hoy?
La precarización laboral, el pluriempleo y el multitareismo de periodistas que repercute en la calidad de los contenidos; la concentración mediática que limita la diversidad de voces y afecta la pluralidad informativa. La sustentabilidad de los medios periodísticos se vió afectada con la

emergencia de las plataformas de las redes, que disputan el mismo mercado publicitario, por simplificar el fenómeno. A nivel local, la regulación de la pauta oficial que hoy se distribuye en forma discrecional y de la que todos los medios “dependen" para su sustentabilidad económica. Y las crecientes formas de violencia que ponen en riesgo la libertad de expresión y el derecho a la información: las agresiones físicas, las amenazas, el hostigamiento judicial y el acoso digital son parte del repertorio que trabajadores de prensa sufren.

¿Cómo afecta la “tiranía de la inmediatez” a la calidad del periodismo de investigación? ¿Existen espacios para la pausa y el análisis profundo?
El periodismo de investigación requiere recursos y tiempo para contrastar fuentes, analizar datos complejos y construir narrativas sólidas. La inmediatez impone un ritmo de producción que es antagónico a este proceso, favorece a la superficialidad y el "copiar y pegar" de contenidos virales, que más entretienen que informan.
Existen esos espacios de pausa y análisis, claro, pero están en tensión con esos “nuevos consumos” que muchas veces “liquidan” el “interés público”, porque esa “atención” de las audiencias se monetizan, por el modelo de negocios de las plataformas, en clicks, jerarquías y lugares de aparición en buscadores. No obstante, son los medios periodísticos los que continúan sosteniendo la tarea de buscar, curar, moderar, gestionar la información y disponibilizarla.

"La inmediatez impone un ritmo de producción que favorece a la superficialidad y el "copiar y pegar" de contenidos virales, que más entretienen que informan."

¿La digitalización y el avance de las plataformas lograron democratizar o profundizaron la concentración de voces y miradas en la comunicación argentina, especialmente en Misiones?
La digitalización trajo un potencial democratizador que ha propiciado la emergencia de medios alternativos y voces locales pero la visibilidad real está gobernada por algoritmos de plataformas y se ha acentuado la concentración de poder en pocas plataformas globales (como Meta o Google), que controlan la circulación de contenidos y el mercado de la publicidad, propiciando la aparición de cámaras de eco que alimentan las burbujas informativas, que no propician la pluralidad y diversidad de miradas y perspectivas.
En provincias como las nuestras, esto significa que las voces y problemáticas locales compiten en desventaja contra agendas nacionales centralizadas en Buenos Aires. Hay que decir que son los medios locales son los que se ocupan de esas problemáticas y voces. Ahí está su importancia.

¿De qué manera el auge del streaming (Twitch, YouTube, TikTok, etc.) está reconfigurando el consumo de noticias y la figura del periodista tradicional, sobre todo en las audiencias jóvenes?
El periodista tradicional hoy es homologado a “influencer” y tiene como objetivo generar comunidad (fidelización de audiencias), con algunos matices esto ya pasaba con los medios tradicionales. La fidelización hace parte al contrato de lectura que establecen los medios y los/las periodistas con sus audiencias. Quizás un matiz aquí, sea que un “influencer” no compite con

otro de otro medio solamente, sino también con uno del mismo medio streaming. Eso da cuenta de la racionalidad neoliberal actual y los modelos de negocios en clave de “inmediatez”.

"La visibilidad real está gobernada por algoritmos de plataformas y se ha acentuado la concentración de poder en pocas plataformas globales (como Meta o Google)."

¿Cómo se construye hoy la agenda pública en Argentina y en Misiones?
Simplificando, la agenda mediática es el resultado de relaciones en tensión: los medios, la sociedad civil y el sistema político. Es un conjunto de cuestiones comunicadas en función de una determinada jerarquía. En Misiones, por esta complejidad (la sustentabilidad, la pauta no reglada, etcétera) nos encontramos con una agenda estadocentrada, es decir, existe una sobrerepresentación del estado -en todos sus niveles, pero sobre todo el provincial-, en temas, fuentes y actores visibilizados, independientemente de su soporte, propiedad y modelo de negocios. Si se tratara de un medio público, un matiz, diríamos, es que se trata de agendas gubernamentalizadas, con rasgos de marketing político.

¿Cómo se manifiestan las nuevas maneras de construir poder y hegemonía a través de las plataformas digitales, y qué implicancias tiene esto en la construcción de ciudadanía?
El poder ya no se construye sólo mediante el control de medios de comunicación, sino a través de la capacidad de movilizar comunidades online, dominar algoritmos, gestionar y retener la atención y capacidad de acumulación para producir subjetividades funcionales al capitalismo actual y los actores reales del poder. Esto no es de modo lineal sino en disputa permanente y con espacios y actores que se organizan y resisten a esta máquina de producir desigualdades, “consumidores/as” versus ciudadanos/as, bien común, equidad social, pluralismo, diversidad. 

¿Cuál es el principal mecanismo de difusión de las fake news en el país?
No hay un único mecanismo, sino un ecosistema integrado. Sin embargo, los grupos de mensajería privada (especialmente WhatsApp) son particularmente peligrosos por su carácter opaco, de alta confianza interpersonal y difícil monitorización. Allí la desinformación se propaga de forma "virótica" y luego puede ser amplificada por cuentas influyentes en redes sociales como X o Instagram y a veces incluso, recogida y legitimada por sectores de los medios tradicionales.

"Los grupos de mensajería privada (especialmente WhatsApp) son particularmente peligrosos por su carácter opaco, de alta confianza interpersonal y difícil monitorización."

¿Cómo se relacionan los discursos de odio con las estrategias de desinformación? ¿Qué responsabilidad tienen las plataformas y las usuarios/as en su amplificación?
Lo primero que hay que decir, es que los discursos de odio no nacen del vacío, hay una pre-existencia discursiva y de sentidos sociales, ideológicos, simplificadores de “males que nos acechan” en el que descansan estos sentidos, y que vienen a reducir la incertidumbre, los miedos, que explican de modo lineal y simplificado, la causa de un problema y sus “responsables”. La “novedad” es la emergencia de estos “nuevos actores”: las plataformas de redes sociales y mensajería instantánea, que con sus modelos de negocios propician la creación, distribución y sostenimiento de esas burbujas informativas, por un lado, que descansan en creencias prejuiciosas, anticiencias, polarizados y polarizantes y, en la algoritmización de nuestras conductas e intercambios en esos espacios. Es decir, lo que se denomina sesgos de confirmación. Confirmamos en nuestras redes sociales lo que ya sospechábamos.

"El periodista tradicional hoy es homologado a “influencer” y tiene como objetivo generar comunidad."

A la luz de lo que viene ocurriendo, las plataformas deben asumir mayor responsabilidad en sus propias políticas de contenido -que las empresas fueron asumiendo a regañadientes-. También la participación de ciudadanos/as y estados en la gobernanza de este espacio público y empresas: uso de datos personales entrenamiento de la inteligencia artificial, aperturas de cifrados de algoritmos, cómo, con qué criterios las usan y de los que “depende” la circulación de los contenidos que los y las usuarios ven en sus pantallas 24/7. Agregamos, la pérdida de soberanía digital, el colonialismo digital -uso y venta de nuestras conductas como datos-, la vigilancia masiva, la pérdida de privacidad, el acceso desigual a esas plataformas, que perpetúan desigualdades.

¿Cuáles son los riesgos que presenta la difusión sistemática de información falsa y discursos violentos para la democracia?
Muchas personas ante el bombardeo constante de información optan por “desconectarse” o desentenderse del debate público. Esto debilita la participación ciudadana y deja el terreno libre para que discursos radicalizados o manipuladores ganen terreno sin oposición informada.
Al mismo tiempo, y por goteo, la normalización y naturalización de esas claves: el odio, la perpetuación de la jerarquización de las sociedades como parte del orden social, de pérdida de derechos conquistados, de convivencia social, de construcción de enemigos internos, de producción de identidades sociales responsables de las desigualdades e injusticias actuales, de nacionalismos conservadores cuasi totalitarios y de invisibilización de los reales responsables de las desigualdades actuales. Todo esto erosiona, debilita la convivencia y le quita músculo al sistema de vida democrático.

En un contexto de sobreinformación y fatiga informativa, ¿cuál es el riesgo? ¿es solo la desinformación o también la indiferencia o apatía de las audiencias que deciden "desconectarse"?
La fatiga es informativa, si. Pero va en consonancia con las condiciones de vida de este sistema capitalista actual: las sociedades en general, están precarizadas, cansadas. No es tan lineal, “desconectarse” es una decisión de privilegiados, de una mínima porción de la sociedad, que puede acceder a otro tipo de vida donde la mayor parte del tiempo no están trabajando o realizando tareas de cuidado. Su ocio y entretenimiento no se define en las pantallas. Y sus modalidades de acceso a la información no se limitan a ver redes sociales.

"En Misiones, por esta complejidad (la sustentabilidad, la pauta no reglada, etc) nos encontramos con una agenda estadocentrada."

Es más complejo, porque “informarse” no necesariamente está atado a la conexión, a las pantallas en ciertos sectores. Existen múltiples formas de informarse, ser parte de la comunidad, socializar, pagar por recibir información de calidad demandan, además del recurso dinero, “tiempo”, recurso escaso para nuestras audiencias, que se infoentretienen mientras realizan otras tareas. En ese escenario, la tarea de los medios adquiere otra relevancia. Son los actores en los que delegamos la gestión de información veraz. En Misiones, por ejemplo, no requiere suscripción (y volvemos a pensar en la necesidad de regular la pauta oficial porque estos medios necesitan de esos ingresos estatales).

"La fatiga informativa va en consonancia con las condiciones de vida de este sistema capitalista actual."

¿Cuáles consideran que son las habilidades o saberes que la ciudadanía debe desarrollar hoy para un consumo informativo consciente?
Lo mínimo: contrastar medios y conocer desde dónde habla cada medio y/o periodistas. Consumir todo tipo de medios, entrenarnos en la diversidad de miradas y posicionamientos, aunque estemos en desacuerdo. Exigir información de calidad: fuentes de las noticias con miradas diferentes.

¿Cómo puede la universidad pública contribuir a la lucha contra la desinformación y la promoción de un debate público más saludable?
De muchísimas formas: aportando a la construcción de ciudadanos/as críticos, partícipes de sus vidas en comunidad, alfabetizados no solo profesionalmente sino también como sujetos políticos, con propuestas como esta revista de la Universidad, o su radio, con Postdato, con espacios de encuentros e intercambios, con la disponibilización de los conocimientos que produce. Todo lo que hace la Universidad, que tenga como objetivo, propiciar la conversación pública, reditúa en ese sentido: una sociedad más plural, diversa, democrática.

Qué es Postdato y qué acciones realizan

Postdato es un proyecto de extensión desarrollado por un grupo de estudiantes, egresades y docentes de la carrera de Comunicación Social. Su objetivo es contribuir a la construcción de una esfera pública más democrática, promoviendo el pensamiento crítico frente a los discursos de odio y la desinformación. A través de la producción de contenidos buscamos problematizar las formas en que los medios y el lenguaje inciden en la configuración de sentidos sociales, aportando herramientas para una ciudadanía digital más activa, informada y respetuosa de los derechos humanos.
El objetivo principal de este proyecto es que les participantes adquieran experiencia en la coordinación de tareas, búsqueda de archivos, bibliografía, revisión de otros antecedentes, escritura de guiones, diseño gráfico de placas informativas, grabación y edición de vídeos para generar contenido fidedigno de forma colectiva y consensuada.
Instagram @postdato

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El color en el cine: de las tinturas en los primeros tiempos a la sala de corrección digital

El color en el cine: de las tinturas en los primeros tiempos a la sala de corrección digital

Por Lic. Jerónimo Cabassi *

Sobre el origen del cine hay muchas historias, pero la más reconocida es la proyección de imágenes en movimiento con el cinematógrafo —un aparato que funcionaba como cámara y a su vez como proyector—, diseñado por Auguste y Louis Lumière, en el Salón Indien del Gran Café de París, el 28 de diciembre de 1895.

El acontecimiento causó un gran impacto en el público, atrajo a artistas y comerciantes, y se expandió rápidamente por el mundo. En 1896 se realizó la primera proyección en Buenos Aires y, en 1901, se presentaron las primeras imágenes coloreadas en el Salón Teatro de la capital. La investigadora argentina, Carolina Cappa, estima que hacia 1920, cerca del 80 % de los filmes proyectados eran en colores. Sin embargo, solemos pensar que las películas de la primera época del cine fueron en blanco y negro. ¿Por qué?

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Las razones son varias. Muchas copias de estas producciones primigenias no sobrevivieron: se destruyeron —al estar hechas de nitrato, un material inflamable que muchas veces se prendía fuego— o se perdieron. No fueron preservadas y, en los casos que sí lo fueron, sus colores se desvanecieron con el tiempo o se conservaron solamente copias en blanco y negro.

Lo cierto es que el color estuvo presente desde los orígenes del cine y atravesó varias etapas

Los colores autónomos: colores aplicados en la película
La primera etapa, denominada por la investigadora sueca Barbara Flueckiger, de los colores autónomos, consistía en la aplicación de los colores directamente sobre la copia de proyección (una película física de 35 mm de ancho enrollada en bobinas de diverso tamaño y extensión). Inicialmente, el pintado a mano consistía en un trabajo artesanal mediante el que se pintaban fotograma por fotograma con pinceles y rodillos las figuras humanas, fondos, entre otras partes de la imagen. Luego, este trabajo se industrializó con la técnica de plantilla —o pathécolor—, que permitía colorear zonas específicas de la imagen utilizando matrices tipo stencil superpuestas a la copia de proyección, permitiendo una mejora en el tiempo que requería el trabajo. Estas operaciones se realizaban en salas específicas con personal especializado que generalmente eran mujeres.

También existían el tintado y el virado: técnicas que consistían en sumergir la película en líquidos. El tintado coloreaba toda la imagen, mientras que el virado afectaba solomente las zonas oscuras, reemplazandolas por otro color y manteniendo el blanco natural.

La era de los colores autónomos llegó a su fin hacia fines de la década de 1920 con la llegada del cine sonoro. La banda que registraba el sonido —impresa en un costado de la copia— se dañaba con la tintura. Desde entonces, el cine mundial se volvió mayoritariamente en blanco y negro.

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El dominio norteamericano: Technicolor y el control cromático
Paralelamente, hubo otros intentos por registrar el color en la filmación o por agregarlo en la proyección, muchos de estos fueron sistemas bicromáticos (que lograban generar algunos de colores del espectro visible, mediante el uso de dos colores primarios de la luz). Alemania y Estados Unidos fueron pioneros en desarrollar procesos comercialmente viables. En EE.UU., la empresa Technicolor, luego de varios desarrollos, logró consolidar su famoso Proceso N° IV o de “las tres tiras”. Este proceso utilizaba una cámara especial —propiedad de Technicolor— que, junto a su equipo técnico y un fuerte control sobre la estética y uso del color, era parte del servicio contratado. La cámara registraba tres negativos simultáneamente, que luego de un proceso complejo, eran coloreados y transferidos uno por uno a una nueva película transparente, generando imágenes que, por primera vez, tenían todos los colores.

Aunque los colores saturados de Technicolor no se veían como “naturales”, fue el sistema comercial más exitoso. De ahí sus célebres anuncios: “En maravillosos colores por Technicolor” o “Color by Technicolor”. Era un proceso costoso, accesible solo para grandes estudios, que lo usaban sobre todo en géneros como musicales, infantiles o principalmente de fantasía.

En cambio, el cine de autor, experimental, y de las cinematografías nacionales de todo el planeta, fue en blanco y negro. Y por sobre todo, el cine que trataba sobre la realidad, el de realismo social, era indiscutiblemente en blanco y negro.

La democratización del color: el monopack cromogénico
Este sistema usaba un único negativo con tres capas sensibles a los colores primarios de la luz (rojo, verde y azul). Podía emplearse en cámaras comunes, reduciendo costos y brindando independencia tecnológica y artística respecto de EE.UU.

Cuando en 1945 las fuerzas aliadas ingresaron en la Alemania nazi y ocuparon la ciudad de Wolfen, donde estaba la fábrica de películas fílmicas Agfa, fueron liberadas las patentes del sistema cromogénico Agfacolor. A partir de entonces se desarrollaron varios sistemas cromogénicos en diferentes países: Ferraniacolor, Gevacolor, Anscocolor, Eastmancolor, entre otros.

Este sistema, también llamado monopack, permitió que cinematografías de todo el mundo accedieran al color. Sin embargo, muchos cineastas e industrias se resistieron a adoptarlo por motivos culturales e ideológicos: el blanco y negro seguía asociado a la representación “realista”, mientras que el color se vinculaba con universos fantásticos o de puro entretenimiento.

El color en el cine argentino
La cinematografía argentina es considerada una de las diez industrias audiovisuales más importantes del mundo y la segunda en lengua española. Durante la primera mitad del Siglo XX llegó a ser la más grande de Latinoamérica. No sorprendería que esta industria haya tenido sus propios intentos de filmar en colores. En 1942 esa búsqueda tuvo el nombre de Alexcolor: un sistema bicromático (utilizaba una cámara especial con dos negativos simultáneos) desarrollado por Laboratorios Alex (que funcionó hasta entrados los años 80). Alexcolor dejó como resultado una serie de cortometrajes documentales y uno de animación: “Upa en apuros”, con los personajes de la historieta Patoruzú. Pero la dependencia industrial Argentina, intensificada con el bloqueo de celuloide impuesto por Estados Unidos —debido a la neutralidad argentina durante la Segunda Guerra Mundial— llevó a que las productoras y laboratorios estén más preocupados por conseguir material virgen para filmar que desarrollar un sistema propio de color. Con la llegada del monopack cromogénico, este proyecto nacional quedó obsoleto.

Los y las coloristas en la era analógica
Hasta los años 2000, cuando la digitalización comenzó a imponerse, los y las coloristas de los laboratorios eran responsables de la dosificación del color de los filmes nacionales, como también de las copias que se procesaban en el país de producciones extranjeras.

La digitalización pasó a ser el estándar, y a pesar de la reconocida calidad del material fílmico, este dejó de utilizarse de forma habitual. Hoy sigue disponible, aunque a un costo elevado, reservado para producciones de gran presupuesto.

Pero la digitalización trajo muchas mejoras, entre ellas, la posibilidad nunca antes vista en postproducción, de seleccionar, aislar y modificar colores en determinadas zonas de la imagen. A partir de este momento, la corrección de color se volvió cada vez más conocida y se expandió al punto que hoy existen premios en reconocidos festivales de cine, al mejor tratamiento de color. Si buscamos “corrección de color” en internet, encontraremos muchísimos resultados, desde infinidad de Youtubers que ofrecen tutoriales, podcasts, cursos online, academias, e incluso posgrados.

La corrección de color en Misiones
La corrección de color, que nació con esas primeras películas coloreadas a mano, a fines del Siglo XIX, es hoy una actividad reconocida y valorada en todo el mundo.

Es así que, en la Facultad de Arte y Diseño de la UNaM, se dicta la cátedra “Seminario I: Introducción a la corrección de color”, en la Tecnicatura en Medios Audiovisuales y Fotografía, siendo una de las pocas materias específicas sobre este tema dentro de las currículas de universidades nacionales.

Además, las políticas públicas en Misiones, que con el apoyo y el fomento a la producción del Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones (IAAVIM), y el CineLAB de Misiones Diseña (MiDI), donde existe una Isla de Colorimetría digital de uso público, hacen posible un contexto para el desarrollo y crecimiento de la corrección de color en nuestra región.

A 130 años de la primera proyección de cinematógrafo, a pesar de la tecnología y la digitalización, la corrección de color continúa realizándose plano a plano (como en sus orígenes), en una sala a oscuras y muchas veces en soledad, consolidándose en la región como una actividad clave para la narración audiovisual.

* Maestrando en Comunicación Digital Audiovisual. Docente responsable de la cátedra Seminario I: Introducción a la corrección de color FAyD-UNaM. Investigador asistente CEHyC-FHyCS-UNaM. Colorista y postproductor audiovisual.

** Imágenes pertenecientes a:
"Nitrato Argentino. Una historia del cine de los primeros tiempos."
Fuente: https://nitratoargentino.org/ 
Licencia: Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0

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“La universidad me abrió un mundo”

Un camino de superación y aprendizajes

“La universidad me abrió un mundo”

Por Ana Victoria Espinoza

Patricia Franco es una trabajadora social que transformó su vida y hoy cuestiona las violencias naturalizadas, desde lo personal hasta las políticas públicas.

Patricia Franco recorrió un largo camino marcado por la superación de distintos tipos de violencias. Es una sobreviviente que llegó a la universidad pública para transformar su vida y la de su comunidad. Sus palabras reflejan una profunda crítica a las estructuras patriarcales que aún persisten en la sociedad y las instituciones.
Con 44 años, Patricia es Licenciada en Trabajo Social, graduada de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) y está cursando Especialización en Abordaje Familiar. Es integrante de la Dirección de Salud Mental del Consejo Deliberante de Posadas, además de ser adscripta en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (FHyCS) y realizar tareas comunitarias en barrios de Posadas

Un descubrimiento
Tras casarse, tener tres hijos y dedicarse completamente al cuidado del hogar y la familia, a los 34 años Patricia se inscribió en el programa social "Ellas Hacen” con la intención de mejorar la economía familiar. Al ingresar comenzó haciendo tareas de limpieza, hasta que un convenio del programa con la UNaM le permitió empezar a estudiar una carrera.
“Era de estas personas muy de la casa, de lo cotidiano, del cuidado y la producción de alimentos para mi familia

y vivía encerrada más que nada con mis hijos, dedicada al cuidado hasta que salió el programa Ellas Hacen”, recuerda Patricia.
Así fue que ingresó a la Tecnicatura en Promoción Sociocultural de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. "Se abrió un mundo para mí", expresa y cuenta que en las clases empezó a cuestionar las normas sociales: "Principalmente esto del cuidado como amor y que era una obligación de la mujer y también el tema de que existían muchas otras formas de violencia que una asume como normal y no era así".
En ese sentido, Patricia señala que en la universidad “uno va sumando a la experiencia un marco teórico que te abre muchos panoramas y principalmente te ubica en un lugar donde vos creías desconocido. Entonces una empieza a cuestionarse y a darse cuenta que donde estaba viviendo no era saludable, principalmente por la violencia económica”.

El quiebre personal
El estudio impulsó un cambio de perspectiva que la llevó a mejorar su realidad. "Ahí empezaron los problemas con mi pareja, porque empecé a cuestionar, empecé a pedir más dinero y empecé a trabajar con la decoración de telas, un trabajo que me daba mi dinero y yo lo podía administrar”.
“Siempre tenía en la cabeza que la mujer tenía que ser buena cocinera, buena amante y tener la casa impecable para que tu marido no se vaya. Esa era la crianza. Y ahí empecé a entender que eso era parte de una construcción de una mujer que tenía que vivir dentro del hogar”, cuenta la profesional.
Ante estos cambios, su pareja reaccionó con celos y violencia psicológica. El mensaje era: "Empezaste la facultad y empezó la pavada". La presión llegó a tal punto que Patricia reconoció "la violencia psicológica, la psicopateada, la manipulación" y decidió separarse después de 16 años de pareja.
La separación no fue el fin del conflicto, sino el inicio de otras formas de violencia. Patricia cuenta que su ex pareja se negaba a pasar dinero para los hijos y la sociedad la hacía sentir "despechada" por reclamar la cuota alimentaria.
“Todas esas cuestiones empezaron a pesar dentro de mí y ahí entendí las consecuencias de la violencia psicológica y la manipulación y empecé a decir que yo no quería eso para mí”, recuerda.
La situación de dolor fue tan intensa que Patricia intentó terminar con vida en dos oportunidades. Gracias a la terapia psicológica, pudo salir adelante. Con el tiempo, su familia entendió y la apoyaron. Actualmente, está separada hace nueve años y tiene tres hijos de 22, 15 y 13 años, la más grande está estudiando Comunicación Social en la UNaM. Su experiencia personal la motivó a impulsar la deconstrucción de roles dentro de su propia familia.

“Siempre tenía en la cabeza que la mujer tenía que ser buena cocinera, buena amante y tener la casa impecable para que tu marido no se vaya. Esa era la crianza. Y ahí empecé a entender que eso era parte de una construcción de lo que debía ser una mujer”

La lucha por la corresponsabilidad y el rol de la universidad
Patricia recuerda que en el 2000 ingresó a la universidad por primera vez para estudiar Comunicación Social. Permaneció dos años en la carrera hasta que la crisis del 2001 la obligó a priorizar el trabajo. “Siempre amé la universidad y quise seguir estudiando. Pero las condiciones económicas y el contexto en el que vivíamos en el 2001 y 2002 era horrible. Yo trabajaba de niñera y tenía que optar. Tuve que dejar la facultad aunque dije que en algún momento iba a volver”, describe la profesional.
Así fue que en 2014 tuvo una nueva oportunidad y se abrió una puerta que se había cerrado. Comenzó con la tecnicatura, siguió con la licenciatura en Trabajo Social y hoy está cursando la Especialización en Abordaje Familiar.

La educación sexual como herramienta de empoderamiento
En su trabajo comunitario, Patricia y sus compañeras, muchas de ellas graduadas de la misma tecnicatura, intervienen en comedores y merenderos, enfrentando diversas realidades.
“La carrera nos enseñó a planificar, nos enseñó a poner objetivos, a qué población queríamos llegar, todo eso nos enseñó la facultad a mí y a un montón de mujeres”, destaca Patricia.

Uno de los temas centrales que abordaron en los barrios fue la educación sexual. Como por ejemplo, en un encuentro mostraron dibujos de órganos sexuales y explicaron el uso del preservativo. Para la profesional, este tipo de intervención es crucial, ya que "las mujeres todavía no saben cómo cuidarse".
“Nosotros pudimos entender cómo se construye una planificación, cómo se interactúa con instituciones y poder ir desde nuestro conocimiento a hablar y traer esos talleres a los comedores y merenderos”, señala.

“En la universidad vas sumando a la experiencia un marco teórico que te abre muchos panoramas y principalmente te ubica en un lugar que creías desconocido. Entonces una empieza a cuestionarse y a darse cuenta que donde estaba viviendo no era un lugar saludable”

Violencias institucionales y políticas de cuidado
Desde su experiencia en el trabajo barrial, Franco se muestra crítica con las fallas del sistema a la hora de abordar la violencia de género, señalando que la policía y la justicia "están muy poco informadas o con muy pocas ganas de trabajar".
También cuestiona que el accionar policial "revictimiza", y que incluso mujeres policías "reproducen esto". La falta de recursos que se genera al sacar al hombre de la casa sin un acompañamiento, termina reforzando la dependencia: "le estás diciendo a esa mujer aguantate porque es el que te da el plato de comida”.
“Estas mujeres se están despertando y se están dando cuenta de lo que es violento pero no obtienen nada. Entonces ahí es donde estamos fallando”, agrega.
Respecto a la distribución de las tareas de cuidado, Patricia es contundente: "no hay avance”.
“Nos han enseñado que la mujer es la única que sabe cuidar al niño y a la niña que tenemos tan arraigado que eso causa un daño en la salud mental terrible y le liberamos al progenitor de toda responsabilidad porque en teoría él no sabe cuidar, ni tampoco le enseñamos, ni le dejamos la responsabilidad y entonces ahí es donde no avanzamos. Le han metido el chip a la mujer que es la única responsable del cuidado”.
Considera que las políticas públicas deben buscar que, si la mujer sale a trabajar, "que el hombre también resuelva. Las políticas que solo le resuelven a la mujer sin delegar responsabilidades al hombre solo mantienen el statu quo”.

“Nos han enseñado que la mujer es la única que sabe cuidar al niño y a la niña, lo tenemos tan arraigado que eso causa un daño en la salud mental. Le liberamos al progenitor de toda responsabilidad porque en teoría él no sabe cuidar y entonces no avanzamos”

Las violencias naturalizadas
Otras violencias que a Patricia le preocupan son la sexual, la económica y la simbólica a través de los estereotipos de belleza. Sobre la sexualidad, afirma que "la mujer no tiene el derecho de sentir placer" y que se la ve como "un aparato reproductivo que tiene que estar dispuesta".
En el ámbito económico, critica que el 30% de la cuota alimentaria que fija la justicia obliga a la mujer a "vivir con eso y si no te alcanza anda a trabajar", sin considerar el costo real de criar a los hijos en la actualidad.
Sobre los estereotipos de belleza, advierte el daño a la salud mental y cómo generan exclusión y bullying en la juventud. “Quedas excluida y eso te desmoraliza. Ahí te casás con el primero que te dio bolilla y así seguimos reproduciendo mujeres sometidas ¿por qué? porque no entraron dentro del cuadro de las mujeres que sí lo merecen”.
Con su historia, Patricia reafirma su voz y su postura crítica: “me he enfrentado y he discutido porque pareciera que como yo vengo del lado de los más vulnerables y de las mujeres excluidas es como si yo no tuviera la oportunidad hablar o decir y solo estar agradecida; sin embargo, yo hablo, yo opino, yo me enojo y cuestiono, a mi no me calla más nadie”.

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