Opinión
La ciencia como entretenimiento: qué nos dejó la expedición al fondo del mar
Por María Itatí Rodríguez


Hace algunas semanas, un equipo de investigación del CONICET participó en la misión “Talud Continental IV”, una expedición científica conjunta del Schmidt Ocean Institute y el Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA), destinada a explorar la biodiversidad del cañón submarino de Mar del Plata, a 3.900 metros de profundidad. La transmisión en vivo por YouTube se convirtió en un fenómeno que superó en visualizaciones a varios de los canales de streaming más populares en Argentina, acumuló millones de reproducciones y mantuvo a un público atento durante varios días.
“El streaming del CONICET”, como se lo conoció, trascendió las fronteras del país y captó también la atención de medios de televisión e influencers de distintas partes del mundo. La transmisión bien podría haber pasado inadvertida, con apenas decenas o cientos de visualizaciones, y no con miles o millones. Seguramente las y los investigadores no esperaban superar en audiencia en vivo —ni en total— a los principales canales de streaming argentinos, que cuentan con un gran despliegue de sponsors e influencers. Pero, ¿por qué sucedió así? Me animo a compartir algunas conjeturas.
Como seres humanos, somos curiosos sin importar la edad, y nos atrae aquello que no hemos visto antes. Esta experiencia logró reunir frente a las pantallas a chicos y grandes, a familias, a amigos. Nos convocó desde la imaginación, el descubrimiento y la ciencia, pero también desde el arte y la innovación. A esto se le suman otros condimentos importantes en estos tiempos: la simultaneidad y la inmediatez. Pudimos verlo todo en vivo, bajar a las profundidades del Mar Argentino —de nuestro mar, que no es poca cosa— en tiempo real. Todo gracias a los avances de la ciencia y la tecnología, que nos permitieron llegar a lugares inexplorados junto a estos expertos/as. Y lo vivimos a través de nuestros consumos culturales cotidianos: la transmisión en vivo por YouTube, los memes en X, las imágenes impactantes en Instagram, hasta musicalizadas en Spotify. La transmisión se integró cómodamente a nuestra vida digital diaria, con una calidad tremenda, sin esperas, en vivo y en directo. En este sentido, también tuvimos la posibilidad de interactuar: preguntar, responder, comentar, seguir, crear. Las y los científicos de esta misión nos hicieron sentir parte y nos acompañaron de manera amena, amorosa disfrutando de la compañía de cientos de seguidores, respondiendo a las preguntas en el chat en vivo de manera informada y responsable.

¿Por qué nos llama tanto la atención que las y los científicos sean tan claros, curiosos, divertidos, cómplices, respetuosos del trabajo de colegas? La mayoría de estos investigadores/as también realiza un trabajo docente en universidades públicas argentinas, donde se han formado. Creo que esto permitió mostrar otro mundo: cómo se enseña, se estudia y se aprende en la universidad pública. Nos mostró la pasión y la integridad de su trabajo y del de sus colegas, así como formas de enseñar y aprender que quienes transitamos la universidad también hemos experimentado: el compromiso por el conocimiento, sin importar la disciplina científica. A su vez, nos mostraron de manera clara cómo es el trabajo de un investigador, parte del método científico, es decir, la “cocina” de la investigación. Sí, hablaron de papers, de convocatorias y utilizaron en varios momentos un lenguaje técnico. Pero, también nos mostraron cómo se llega a esos resultados, cómo es el método para generar conocimientos nuevos.
Y aquí llegamos a un último punto: nos emocionamos, aprendimos y descubrimos juntos. Este streaming logró vincular distintos espacios: el del entretenimiento, a través de las emociones; el de la enseñanza, mediante el aprendizaje narrado; y el de la producción de conocimientos, mediante la observación. Nos permitió ver lo más cotidiano de la relación entre ciencia y cultura: explorar historias, trayectorias y recorridos, y mostrar también lo emotivo, divertido, serio, formal de estos procesos.
En tiempos en dónde todo parecería poder ser gestionado por una Inteligencia Artificial, el emocionarnos juntos mediante una narración de científicos y científicas nos permite pensar que la ciencia y la tecnología interesan, importan y convocan. A través de esta experiencia, pudimos conocer y explorar otros modos de entender la ciencia y la tecnología, desde trayectorias individuales y colectivas. Una IA no podría mostrarnos así el mar de esta manera, por primera vez. Podría hacerlo después, con conocimientos ya generados.
Comunicar la ciencia de manera pública es un desafío para las y los investigadores que sólo recientemente -y casi de manera informal- ha comenzado a formar parte de sus tareas. Digo de “manera casi informal” porque aún estas actividades no son lo suficientemente reconocidas en las evaluaciones a su trabajo. Es decir, no tiene el peso que otras instancias, como por ejemplo, el publicar artículos científicos en revistas especializadas.

Divulgar ciencia (o comunicar ciencia de manera pública, con un lenguaje que permita conversar con públicos más allá de los expertos ) requiere planificación, tiempo, recursos, personal capacitado, infraestructura, etc.
Finalmente, me gusta pensar, desde mi lugar como investigadora de estos procesos de comunicación pública, que es importante posicionar a la ciencia y la tecnología como parte de la industria cultural. El desafío ahora es continuar trabajando en ello: mostrar cómo nuestra Universidad y centros de investigación públicas trabajan para responder y dar soluciones a problemáticas propias, para conocer y generar conocimiento local, a través de sus equipos de investigación. Desde la UNaM los ejemplos y experiencias son muchas y muy valiosas, y creo que este fenómeno del streaming del CONICET, nos mostró que sí es posible, que sí interesa, que sí es importante financiarlo, que sí despierta vocaciones científicas y que sí es valioso hacer ciencia y tecnología con nuestro propio sello: el argentino. Logró habilitar una conversación pública sobre ciencia y tecnología que nos permitió mostrar en la pantalla de nuestros celulares, tablets o televisores cómo es el trabajo de un científico o científica.
Perfil de la autora
María Itatí Rodríguez es Doctora en Comunicación. Docente FHyCS-UNaM. Investigadora CONICET. Directora del Programa de Extensión Permanente “Con Tonada Científica” (Instagram: @tonadacientifica). Actualmente investiga sobre cultura científica y comunicación pública de la ciencia y la tecnología en el NEA