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COMUNIDAD | Inflación

Un gran problema para el bolsillo de los argentinos

Por Florencia Galarza

Juan Dip, doctor en Economía, investigador y docente, analiza la situación de incertidumbre en el país y cómo la evolución de los precios afecta a la vida cotidiana

La inflación, definida como el aumento sostenido y generalizado del nivel de precios, continúa siendo uno de los principales desafíos de la economía argentina.
Acerca de este tema habló Juan Dip, doctor en Economía, investigador y docente de la Universidad Nacional de Misiones quien se refirió que en los últimos 8 meses la inflación se mantuvo en niveles elevados, pero algunos indicadores sugieren un posible “amesetamiento” del ritmo inflacionario, aunque este fenómeno convive con factores que siguen presionando al alza y generan incertidumbre sobre su evolución futura.
Uno de los puntos clave (más allá de la teoría monetaria) que analizó Dip es que los precios relativos en la economía argentina no muestran flexibilidad a la baja (Julio H. G. Olivera, 1960). Es decir, aunque ciertos rubros puedan desacelerar sus aumentos, rara vez registran reducciones significativas. Esta rigidez implica que, ante desequilibrios sectoriales, algunos precios deben aumentar para corregirse, mientras que otros no disminuyen en la misma proporción. Como resultado, los ajustes de precios relativos tienden a trasladarse al nivel general de precios, lo que genera un sesgo inflacionario estructural.

A esto se suma el peso de las expectativas. En un contexto donde el riesgo país ronda los 600 puntos básicos, el tipo de cambio es observado como una variable sensible y la deuda es un factor de preocupación; los agentes económicos tienden a anticipar aumentos futuros. Estas expectativas, lejos de ser neutras, terminan por reflejarse en el índice de precios, alimentando la dinámica inflacionaria.
Siguiendo con esta evaluación, el especialista refirió que, en cuanto a la composición del índice, algunos rubros presentan comportamientos diferenciados. Los precios regulados, particularmente dentro del rubro vivienda, agua, electricidad y gas, registran incrementos en torno al 4% mensual, mientras que los alimentos se ubican cerca del 3% mensual en febrero de 2026, según datos del INDEC. Sin embargo, el impacto real sobre el bolsillo de los consumidores depende de los ponderadores: alimentos y servicios tienen un peso significativo dentro del índice, por lo que incluso aumentos moderados en estos sectores inciden de manera considerable en la inflación general, remarcó.



“El desafío para la política económica será no solo contener el ritmo de aumento de precios, sino también generar condiciones de estabilidad

El escenario, entonces, presenta matices. Si bien el futuro amesetamiento puede interpretarse como una señal positiva, la persistencia de desequilibrios macroeconómicos, la presión de las expectativas y la estructura de precios relativos sugieren que la inflación aún enfrenta obstáculos para una baja sostenida. En este contexto, el desafío para la política económica será no solo contener el ritmo de aumento de precios, sino también generar condiciones de estabilidad que permitan anclar expectativas y recomponer el funcionamiento de los mercados.