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COMUNIDAD | Cómo tomar buenas decisiones

Educación financiera para las escuelas

Por Alexis Streuli

Desde 2017, un proyecto de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNaM trabaja con escuelas secundarias para acercar herramientas de educación financiera, promover decisiones informadas y fomentar hábitos de ahorro desde edades tempranas.

Hablar de ingresos, gastos, ahorro o crédito puede parecer algo lejano para estudiantes de secundaria. Sin embargo, cada vez más jóvenes usan billeteras virtuales, realizan compras online o administran dinero propio sin haber recibido formación específica sobre cómo tomar decisiones financieras de manera informada.
Con esa preocupación como punto de partida, en 2017 nació un proyecto de extensión impulsado por docentes de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), orientado a acercar la educación financiera a las escuelas secundarias de la provincia.



“El ahorro, los ingresos, los gastos y el crédito son las cuatro claves para una buena gestión financiera.”

El proyecto se consolidó como una experiencia sostenida en el tiempo. Nueve años después de sus inicios, docentes universitarios y secundarios continúan articulando actividades, talleres y encuentros con estudiantes.

¿Qué significa educar financieramente?
Lejos de limitarse a hablar sobre bancos o aplicaciones de pago, el proyecto propone herramientas para la vida cotidiana. El objetivo central es que los jóvenes puedan desarrollar una “toma de decisiones financieras informada”, es decir, comprender cómo administrar recursos, reconocer riesgos y planificar económicamente.
La propuesta aborda desde el uso responsable de instrumentos financieros —como cuentas bancarias, billeteras virtuales o créditos— hasta cuestiones más cercanas a la economía diaria de cualquier familia.

“El objetivo final es la seguridad financiera”, señalan desde el equipo. Para eso, trabajan sobre cuatro ejes considerados fundamentales: ingresos, gastos, ahorro y crédito.
La idea es que los estudiantes puedan relacionar esos conceptos con situaciones concretas de su vida cotidiana: administrar una beca, planificar compras, evitar endeudamientos innecesarios o comprender qué implica pedir un préstamo.
En los últimos años, además, las transformaciones tecnológicas aceleraron el acceso de los jóvenes a herramientas financieras digitales. Las fintech y las billeteras virtuales modificaron hábitos de consumo y formas de administrar dinero, muchas veces sin que existan espacios educativos donde analizar sus beneficios y riesgos.
Por eso, el proyecto también incorpora contenidos vinculados al uso responsable de estas plataformas. El objetivo no es desalentar su utilización, sino brindar herramientas para comprender cómo funcionan y qué implicancias tienen.
La iniciativa también se articula con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) impulsados por Naciones Unidas. Desde el proyecto destacan que la inclusión financiera aparece vinculada a múltiples metas relacionadas con la reducción de desigualdades y el desarrollo social.

“La propuesta busca que los jóvenes puedan tomar decisiones financieras informadas.”

El hábito del ahorro
A partir de 2025, el equipo decidió profundizar especialmente un aspecto: el ahorro.
La decisión surgió al observar un escenario económico marcado por dificultades financieras y altos niveles de endeudamiento tanto en familias como en distintos sectores de la sociedad. Frente a eso, el proyecto planificó una línea de trabajo de tres años centrada en la planificación del ahorro y en la construcción de hábitos sostenibles a largo plazo.
La propuesta busca transmitir que ahorrar no necesariamente implica grandes ingresos, sino aprender a organizar recursos, fijar prioridades y planificar objetivos posibles.
En las aulas, los talleres suelen desarrollarse de manera participativa. Los estudiantes comparten experiencias, analizan ejemplos cotidianos y debaten situaciones cercanas a su realidad. Esa dinámica, aseguran los docentes, favorece una rápida conexión con los contenidos.

“Los estudiantes rápidamente se sienten en frecuencia con el proyecto y participan de las actividades.”

“Con los chicos realmente es un placer porque rápidamente se sienten en frecuencia con el proyecto y participan de las actividades”, destacan desde el equipo extensionista.
Un herramienta para la vida
Además del trabajo de los docentes universitarios, el proyecto reconoce el acompañamiento sostenido de directivos y profesores de las escuelas participantes, quienes facilitaron la continuidad de las actividades a lo largo de casi una década.
Para quienes impulsan esta experiencia, uno de los principales desafíos es dejar instalada una idea simple pero fundamental: la educación financiera no es un aprendizaje momentáneo, sino una herramienta para toda la vida.
Porque detrás de conceptos técnicos como ahorro, crédito o planificación financiera aparecen decisiones cotidianas que atraviesan a cualquier persona: cómo organizar gastos, cómo evitar sobreendeudarse o cómo proyectar metas posibles.
En ese sentido, el proyecto apuesta a sembrar conocimientos que acompañen a los estudiantes más allá de la escuela secundaria y que les permitan construir una relación más consciente y segura con el dinero en las distintas etapas de su vida.

“La educación financiera es una herramienta para toda la vida.”

Equipo del proyecto
Director: Adolfo Alegre, Codirector Walter Fernández, Coordinadora Técnica Mariana Villamayor y equipo Griselda Gabalachis, Silvia Romero y Daniel Cáceres