CIENCIA | Nota de opinión
El vendaval
Por Miguel Riquelme (NEOCIENCIA)
Hay cambios políticos amenazantes en muchas zonas del mundo.
Los rostros del poder son desagradables, pero en los últimos tiempos se están afeando cada día más. La podredumbre se agranda.
La nueva extrema derecha se alimenta del miedo, del odio al diferente y de una pulsión extrema hacia el dominio.

En este lugar del mundo, un gobierno acorralado y violento, vuelve a pasar la motosierra por gastos dedicados al desarrollo estratégico del conocimiento. Un recorte pedido por el presidente y ejecutado por el Jefe de Gabinete, atentan contra la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, que actualiza por inflación los salarios y las cuentas corrientes para que las aulas y la investigación sigan funcionando.
A unos metros de aquí, un capitán retirado del ejército fue presidente de Brasil. Homófobo, machista, contrario a los derechos laborales, partidario de la tortura y de la dictadura militar de su país. Unos kilómetros más hacia el norte, el
millonario Donald Trump ganó nuevamente las elecciones presidenciales. Un racista, cercano al supremacismo blanco, machista y enemigo de las políticas sociales y medioambientales.
Surgen líderes delirantes en todo el mundo y estamos frente a proyectos que no se pueden detener. La principal amenaza consiste en que sabemos que el país, o el planeta, van hacia un desastre; pero no sabemos exactamente de qué modo se puede frenar esta caída.
En consecuencia, son muchas las formas de la violencia. Dicen aquellos que gobiernan que, el brutal ajuste anunciado es una medida tomada para “atender la exigencia de cubrir leyes que no tienen un respaldo financiero”. Provocación y crueldad al mismo tiempo.
Entonces, no es lo mismo luchar por globalizar la rebelión que rebelarse para desglobalizar.


En un mundo donde los desafíos ecológicos, económicos sociales y políticos son globales no hay que confundirse en el objetivo, por difícil y complejo que aparezca en las condiciones presentes. Salir a las calles, organizarse, protestar, tiene que convertirse en una puerta de salida
Equivocarse en la naturaleza de la etapa que vivimos conduce a errores muy graves, la nueva derecha ha radicalizado el discurso y las prácticas neoliberales. Recuperan y potencian los prejuicios reaccionarios, machistas, xenófobos, anti-ecológicos, arraigados en algunos sectores de la población, en nuestro caso un núcleo que parece reunir a un tercio de ella
El Ministerio de Economía bloqueó $5.303 millones en transferencias de capital destinadas a obras y recursos de las universidades, impactando de lleno en instituciones clave como la UNLP, la UNSAM y la Universidad de Avellaneda.
En el ecosistema científico, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) sufrió una reducción de $19.742 millones en su presupuesto, seguida por una quita de $8.763 millones a la Secretaría de Innovación.
La CONAE, en tanto, perdió $4.409 millones, mientras que al CONICET se le recortaron $3.263 millones, paralizando la formación de nuevos talentos con una baja de $2.049 millones exclusiva para becas de investigación.
El fortalecimiento de las TIC ($2.560 millones), la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación (I+D+i).
Hoy, la amenaza es la destrucción de la política, de la deliberación, de los proyectos colectivos. La oferta que se nos hace es que las relaciones de mercado y la comunicación virtual sustituyan la formación de esos proyectos.
En ese sentido, las nuevas derechas se inscriben en ese proceso, son una manifestación del mismo.
En definitiva, estos fenómenos de extrema derecha que recorren el mundo y nos afectan directamente, son un fenómeno nuevo, con raíces en las tradiciones autoritarias y fascistas del pasado, pero también, con los rasgos novedosos y funcionales al mundo neoliberal en que vivimos. “La deliberación democrática y la regulación son obstáculos para el avance” dice por ejemplo Alex Karp, CEO de Palantir. Ese es el universo de ideas que enfrentamos, el ataque a las universidades y a la producción científica es sólo uno de los muchos frentes que este conflicto plantea. Solo la protesta, la organización y la calle pueden ser escenarios para enfrentar este vendaval.