TECNOLOGÍA | El aporte del diseño en la industria
Fábrica de valor
Por Belén Vedoya
A partir de la producción de una hamaca de madera desmontable, el diseñador industrial Facundo Argañarás Machón describe cómo fue el proceso creativo y la relación con la empresa local
Entre placas de madera, pruebas de encastre y piezas desmontables, el diseñador industrial Facundo Argañarás Machón trabaja junto a Sillones Arcoíris sobre una pregunta concreta: cómo hacer que un objeto no sólo funcione, sino que también pueda producirse, venderse y adaptarse a la lógica real de una empresa de Oberá.
Facundo es diseñador industrial, graduado de la Facultad de Arte y Diseño (FAyD) de la UNaM y docente de Pensamiento Proyectual. Formó parte de la segunda edición de Misión Diseño, una iniciativa impulsada por el Instituto de Innovación Participativa y Desarrollo Sostenible (INN) de la FAyD y el Ministerio de Industria de Misiones que vincula diseñadores con empresas y emprendimientos de la provincia. En esta oportunidad participó del proyecto desarrollado junto a Sillones Arcoíris Oberá.
Facundo sale tranquilo de su clase y se dispone a contarnos, en las cercanías de las aulas del INN, cómo fue el proceso de trabajo con la fábrica, tratando de entender cómo funciona una producción y cuáles eran las necesidades concretas de la empresa.
“Siempre abordamos una problemática poniéndonos del lado del empresario: cuáles son sus inconvenientes y cómo trabajar con ellos desde el diseño”, explica con convicción.
La propuesta surgió a partir de una premisa concreta de la empresa: construir una hamaca completamente desmontable y sin anclajes metálicos, ni piezas soldadas. Todo debía resolverse en madera.

“El diseñador tiene que involucrarse, embarrarse y entender la lógica productiva de las cosas”
Diseñar desde lo que ya existe
A partir de ahí comenzó una búsqueda que mezcló producción, materiales e identidad. “Querían que sea todo en madera, entonces fuimos buscando una forma que se adapte al terreno”, cuenta Facundo.
La forma se inspiró conceptualmente en la pata de una mantis, buscando una característica formal que remitiera a la región y a la fauna de Misiones. Quizás no como una referencia literal, sino como una manera de construir una identidad visual más cercana al territorio.
La experiencia incluyó desde el desarrollo del producto hasta sistemas de armado, piezas desmontables y manuales técnicos pensados para ordenar procesos de fabricación. Pero detrás de esas decisiones aparecía algo más amplio: cómo hacer que el diseño pueda adaptarse a las condiciones reales de producción de una empresa local. Y sobre todo la hamaca debía resolverse con los materiales que la fábrica ya utilizaba y adaptarse a las posibilidades técnicas de sus máquinas y herramientas. “El diseñador no tiene que imponer sino acoplarse y sumar”, recalca Facundo.
Cada decisión fue ajustándose entre pruebas, prototipos y posibilidades concretas de fabricación. Incluso la incorporación de un tensor en la hamaca apareció pensando no solamente en la estructura del objeto, sino también en cómo se vería al momento de exhibirse o venderse.
“Pensar una forma linda es fácil. Lo difícil es que le sirva realmente al fabricante”, advierte el especialista.
Ahí aparece una de las tensiones que atraviesan gran parte de la producción local: cómo traducir el diseño en algo que pueda sostenerse dentro de las condiciones reales de trabajo, transporte y venta de una empresa misionera. “Hay un montón de cargas que exceden al diseño y hay que contemplarlas también”, dice.


“El diseñador no tiene que imponer”
El trabajo se construyó junto al equipo de la fábrica. Cada decisión fue ajustándose entre materiales, herramientas y posibilidades reales de producción.
“Ellos también tienen que sentir que el proceso y el diseño son propios, no algo externo, sino algo que hicimos juntos”, describe Facundo.
Desde la fábrica, el proceso también implicó empezar a trabajar de otra manera. “En 12 años fue la primera vez que trabajamos con planos”, cuentan desde Sillones Arcoíris.
Hasta entonces, gran parte de los productos se resolvían de manera más intuitiva, entre pruebas, medidas y experiencia práctica. La articulación con Facundo y el programa Misión Diseño les permitió empezar a incorporar nuevas herramientas para pensar producción, funcionalidad y diseño de manera conjunta.

La necesidad concreta era construir una hamaca desmontable que pudiera enviarse desarmada a cualquier parte del país, optimizando espacio y transporte sin perder estabilidad ni resistencia.
El proceso todavía continúa en etapa de ajustes y pruebas de funcionalidad. Algunas modificaciones tienen que ver con estabilidad, resistencia y seguridad de uso antes de su salida definitiva al mercado.
En paralelo, el prototipo fue presentado al Sello de Buen Diseño Argentino, una distinción nacional que reconoce productos innovadores desarrollados en el país.
Pero además del prototipo, la experiencia dejó otra consecuencia inesperada: la incorporación de un estudiante de Diseño Industrial de la FAyD para trabajar junto al equipo de carpintería de la empresa.
“Misiones tiene gran potencial por la madera, pero hay que darle espacio al diseño”
Experiencias como esta forman parte de distintas articulaciones impulsadas desde la Facultad de Arte y Diseño (FAyD) de la UNaM junto al Ministerio de Industria de Misiones, donde el diseño empieza a trabajar directamente sobre situaciones reales de producción en el territorio.
A través de programas como Misión Diseño y de distintas experiencias desarrolladas desde el Instituto de Innovación Participativa y Desarrollo Sostenible (INN) de la FAyD, estudiantes y graduados comienzan a vincularse con empresas, emprendimientos y actores locales, trabajando sobre problemas concretos vinculados al diseño, la producción, la comunicación y la identidad.
Pensar desde las preguntas
En sus clases de Pensamiento Proyectual, Facundo insiste más en las preguntas que en las respuestas. Cree que el diseño no debería partir solamente de una solución formal, sino de entender el contexto, las personas y las formas de vida que rodean cada objeto.
“Lo que tratamos de hacer es reforzar la pregunta y que no den todo por hecho. El diseñador tiene que involucrarse, embarrarse y entender la lógica productiva de las cosas”, explica.
En una provincia atravesada por pequeñas y medianas producciones, materiales locales y formas diversas de fabricación, el diseño empieza a ocupar un lugar cada vez más cercano a los problemas cotidianos del territorio.
“Misiones tiene gran potencial por la madera, pero hay que darle espacio al diseño y también a las ventas”, señala.

La FAyD como fábrica de valor
En ese cruce entre universidad, industria y territorio, desde el Instituto de Innovación Participativa y Desarrollo Sostenible (INN) de la FAyD se empieza a pensar una idea que atraviesa hoy distintas experiencias de articulación con empresas y emprendimientos locales: entender a la universidad como una “fábrica de valor”.
La idea no se refiere solamente a producir objetos o resolver problemas técnicos. También implica generar vínculos, experiencias interdisciplinarias, conocimiento situado y nuevas formas de pensar la producción desde Misiones.
Ahí el diseño deja de aparecer únicamente al final del proceso, cuando un producto ya está terminado, para empezar a intervenir desde el inicio: en la producción, la comunicación, la identidad y las formas de habitar el territorio.
“Pensar una forma linda es fácil. Lo difícil es que le sirva realmente al fabricante”