EDUCACIÓN | Aprender y vivir en la escuela
La residencia como segunda familia
Por Ivis Villalba
La Escuela Agrotécnica Eldorado cuenta con viviendas para cobijar a estudiantes del nivel secundario. La vida en ese espacio combina estudio, responsabilidades, recreación y convivencia. Allí comparten gran parte de su adolescencia acompañados por docentes que cumplen un rol fundamental en el crecimiento de los chicos.
Hay jóvenes que llegan a la Escuela Agrotécnica Eldorado (EAE) después de recorrer muchos kilómetros desde pequeñas localidades y zonas rurales de Misiones. Algunos dejan su hogar por primera vez siendo apenas adolescentes. Detrás de cada valija, de cada despedida de domingo por la tarde y de cada regreso a casa los fines de semana, hay historias de esfuerzo, sueños y familias que apuestan a la educación como una oportunidad de futuro.
En ese contexto, la residencia estudiantil de la EAE se transforma en mucho más que un lugar para dormir: se convierte en una segunda familia.r.
“Nuestro objetivo es que nuestros
estudiantes sientan que pertenecen
a una familia que siempre
estará para cuando
lo necesiten”
Actualmente, cerca de 100 estudiantes residentes y 45 medio pupilos forman parte de este espacio de convivencia que funciona de lunes a viernes dentro de la institución. Allí comparten gran parte de su adolescencia acompañados por docentes orientadores que cumplen un rol fundamental en la vida cotidiana de los jóvenes.
El objetivo de la residencia es brindar alojamiento y acompañamiento integral a estudiantes provenientes de otras localidades, priorizando especialmente a hijos de productores y jóvenes de zonas rurales. Pero el trabajo diario va mucho más allá de garantizar un techo y comida: implica acompañar procesos emocionales, orientar, escuchar y ayudar a construir vínculos saludables en una etapa clave de la vida.
El equipo de orientadores permanece disponible las 24 horas desde el domingo por la tarde hasta el viernes por la tarde. Son quienes acompañan a los estudiantes en momentos de alegría, dificultades, adaptación y crecimiento personal.


“Es un arduo trabajo el que realizamos todos los días los orientadores. Nuestro objetivo es que nuestros estudiantes sientan que pertenecen a una familia que siempre estará para cuando lo necesiten”, expresa María Carre, coordinadora del equipo de orientadores.
La vida en la residencia combina estudio, responsabilidades, recreación y convivencia. La escuela ofrece comedor con cuatro comidas diarias, servicio médico de emergencia, biblioteca, acompañamiento académico y diversos espacios comunes como quincho, cancha de fútbol y vóley, sala de estudios, sala de ocio y amplios patios donde transcurre gran parte de la vida social de los estudiantes.
Sin embargo, son las experiencias compartidas las que terminan marcando la vida de quienes pasan por allí. Los cumpleaños festejados entre compañeros, los fogones, las tardes de deporte, los talleres, las visitas de las familias y las largas charlas entre amigos forman parte de recuerdos que permanecen incluso después de egresar.
Durante el año también se desarrollan actividades deportivas como vóley, fútbol, futsal, atletismo y ping pong, además de talleres de música, clases de apoyo y encuentros recreativos que fortalecen el sentido de comunidad.
Sergio “Teco” Borau, orientador de la residencia, asegura que una de las mayores satisfacciones llega con el paso del tiempo: “Siempre nos llegan egresados que pasaron por residencia y te llena el alma saber que crearon un sentimiento de pertenencia por la escuela, recordar a sus orientadores, docentes y compañeros. Ese es el objetivo que queremos para nuestros gurises, ya que pasan gran parte de su adolescencia en la escuela”.
Ese sentimiento también permanece en quienes alguna vez vivieron allí. Un residente egresado recuerda: “La residencia me dio muchísimo. Siempre que podemos, con mis compañeros estamos ayudando a nuestra querida escuela.

Para nosotros siempre será un honor muy grande. Llevo en gran parte de mi corazón las buenas anécdotas de todos esos años. Muchas gracias EAE, hoy soy lo que soy gracias a todos los que forman parte de la escuela”.
“Siempre nos llegan egresados que pasaron por residencia y te llena el alma saber que crearon un sentimiento de pertenencia por la escuela,

En la EAE, las familias también ocupan un lugar central. Por eso, muchas de las actividades institucionales buscan fortalecer ese vínculo entre estudiantes, escuela y hogar, entendiendo que acompañar a un adolescente también implica acompañar a quienes confían en la institución para su formación.
En tiempos donde muchas veces se habla de la juventud desde la distancia o el prejuicio, la residencia estudiantil de la EAE demuestra que la convivencia, el cuidado y el sentido de comunidad siguen siendo herramientas fundamentales para crecer, aprender y construir futuro.