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COMUNIDAD | El rol de las escuelas y las familias

¿Qué lugar le damos al libro en tiempos de pantallas?

Por Florencia Galarza

La especialista Claudia Santiago analiza cuáles son las nuevas formas de lectura y los desafíos que se presentan en la niñez y la adolescencia. Crear el hábito y generar espacios compartidos en torno al libro papel siguen siendo la principal meta

En la actualidad, la lectura está más presente que nunca y, hasta algunos expertos, opinan que el dinamismo y el impacto visual o táctil propician un mayor consumo de lecturas rápidas de todo tipo. Es así que la inmediatez, las pantallas, la Inteligencia Artificial modificaron la forma de aprender, informarse y de relacionarse con los textos. El desafío frente a este escenario es recuperar el hábito de leer libros en papel con el compromiso de las familias y toda la comunidad, no solo del Estado y las escuelas.
"El contexto cambió mucho por la inmediatez. La vida cotidiana de niños, jóvenes y adultos está atravesada por las pantallas, que ocupan gran parte de nuestra atención y transformaron la manera de acceder a los consumos culturales, de aprender y de leer", explicó Claudia Santiago, coordinadora y directora de proyectos de investigación del Programa de Extensión CeMILLIJ (Centro de Mediación e Indagación sobre Prácticas de Lectura, Escritura y Literatura Infantil y Juvenil) de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Misiones, donde se analizan prácticas de lectura, escritura y oralidad en el sistema educativo provincial.
La especialista advirtió que: "Nos ha cambiado el tiempo de atención, la forma en que consumimos información y hasta aquello que consideramos verdadero. Con la irrupción de la Inteligencia Artificial el panorama es todavía más complejo”, afirmó.

“Estamos leyendo imágenes, fragmentos de texto, subtítulos, noticias y múltiples narrativas digitales todo el tiempo. Los niños nacen en ese contexto y aprenden a leer ese universo desde muy temprano”

Sin embargo, Santiago aclara que la lectura no desapareció. Por el contrario, considera que hoy se lee de maneras muy diferentes. "Estamos leyendo imágenes, fragmentos de texto, subtítulos, noticias y múltiples narrativas digitales todo el tiempo. Los niños nacen en ese contexto y aprenden a leer ese universo desde muy temprano", señaló. En ese escenario, el libro de papel tiene un desafío extra: el acceso. La compra de libros resulta cada vez más difícil para muchas familias, aunque recordó que durante varios años las escuelas y bibliotecas populares recibieron importantes colecciones literarias y se impulsaron capacitaciones para formar lectores. "Se hizo un trabajo muy importante para acercar el libro a los chicos y construir el hábito lector. Hoy el desafío es competir con las pantallas y los videojuegos, pero que exista esa competencia no significa que debamos rendirnos", sostuvo.



"El desafío para padres y docentes es crear momentos en los que las pantallas se apaguen. Esos pequeños encuentros son el punto de partida para reconstruir el hábito de la lectura"

Para la investigadora, el primer paso es comprender las nuevas formas de lectura sin descalificarlas y, a partir de eso, generar espacios compartidos donde el libro vuelva a tener un lugar.
"El desafío para padres y docentes es crear momentos en los que las pantallas se apaguen. Compartir un mate, un café o un mate cocido para leer un cuento, contar historias o disfrutar una poesía. Esos pequeños encuentros son el punto de partida para reconstruir el hábito de la lectura", propuso.
Además, destacó el valor de las bibliotecas populares como espacios accesibles para acercarse nuevamente a los libros, aunque remarca que los niños necesitan el acompañamiento de los adultos. "Ellos no pueden hacerlo solos. Lo importante es que la comunidad vuelva a encontrar el valor de ese tiempo compartido alrededor de la lectura", enfatizó.

El rol de la escuela

Respecto del presente educativo, Santiago reconoció que las instituciones enfrentan un contexto complejo, atravesado por dificultades económicas y sociales. Sin embargo, considera que la escuela sigue siendo un espacio clave para formar lectores.
"Más que evaluar si los chicos leen o no, la escuela debe ofrecer escenas permanentes de lectura. No alcanza con una feria del libro una vez al año; el encuentro entre el docente, el libro y los estudiantes tiene que ser cotidiano", expresó.
En ese sentido, rescató el compromiso de numerosos docentes que trabajan diariamente para generar experiencias

significativas con la literatura y sostuvo que el futuro de la lectura depende de las decisiones que se tomen en el presente. "La literatura permite construir subjetividades, imaginar otros mundos posibles y pensar que la realidad puede ser distinta. Esa imaginación ayuda a proyectar un futuro mejor. Pero esa tarea no puede recaer solamente en los chicos. No se trata de decirles 'háganlo', sino de asumir entre todos el compromiso de decir 'hagámoslo'", concluyó la investigadora.

"La literatura permite construir subjetividades, imaginar otros mundos posibles y pensar que la realidad puede ser distinta. Esa imaginación ayuda a proyectar un futuro mejor”