La cultura del descarte
Moda rápida: entre el clic fácil y el impacto invisible
Por Florencia Galarza
La licenciada en diseño de indumentaria y docente de la UNaM Antonella Nicoletti analiza la problemática del consumo excesivo y la contaminación que genera la industria textil. La economía circular, el alquiler de prendas y el uso de biomateriales como soluciones

En más de una ocasión hemos recurrido a las compras de plataformas online, ya sea por elección, mayor comodidad o para reducir tiempos y/o distancias.
Comprar ropa desde el celular se volvió tan cotidiano como mandar un mensaje. Dos clics, y en pocos días, esa prenda que vimos en un reel de Instagram llega directo a casa. Cómodo, rápido y —sobre todo— barato. Plataformas como SHEIN o TEMU se han convertido en gigantes del comercio online con una fórmula efectiva: mucha oferta, precios bajos y renovación constante de productos. Pero, ¿qué hay detrás de este modelo que seduce a millones en todo el mundo?
Para entender los engranajes de este fenómeno, hablamos con Antonella Nicoletti, Licenciada en Diseño de Indumentaria y Textil, Especialista en Docencia de la Educación Superior y docente de la Tecnicatura Universitaria en Industria Textil de la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Nacional de Misiones, quien hace años investiga el impacto de la llamada “moda rápida” o fast fashion. “Este modelo nace hace unas tres décadas con una idea clave: llevar las tendencias de pasarela al alcance de todos, en tiempos récord”, explicó.
Del glamour al descarte
“Lo que antes tardaba medio año en llegar a las tiendas, hoy se produce en menos de un mes”, contó Antonella. SHEIN, por ejemplo, lanza miles de nuevos modelos por día. La ropa se ve bien, pero su duración es efímera: entre cinco y diez usos antes de volverse basura. Los materiales —como poliéster y microfibras derivadas del petróleo, o algodón cultivado con pesticidas— no solo contaminan, sino que también dificultan el reciclado.
“La lógica es producir en masa para que se consuma rápido y se descarte. Es una obsolescencia programada del vestir”, resumió Nicoletti. Pero la velocidad tiene su costo. La calidad queda en segundo plano.
"SHEIN lanza hasta 10.000 nuevos productos por día. Cada prenda se usa, en promedio, 7 veces"


El modelo se reproduce, incluso en la región
Aunque no tengamos grandes polos industriales, nuestra región también participa de esta cadena. Desde Bolivia llegan contenedores de ropa, muchas veces para reventa. El patrón se repite: prendas baratas, de baja calidad y sin trazabilidad. Mientras tanto, los productores locales y los diseñadores de autor ven afectado su trabajo y sus valores.
“Desde la UNaM trabajamos para resistir a esta lógica. Hay diseñadores que están abriendo los ojos, explorando prácticas como la moldería sin desperdicio, el uso de biomateriales, el algodón agroecológico o la producción bajo demanda”, señaló Nicoletti.
¿Y cómo se cambia esta lógica?
El desafío es inmenso, pero no imposible. La respuesta, dijo la especialista, está en la educación, el pensamiento crítico y un consumo emocionalmente consciente. En línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, se impulsan alternativas como la economía circular, la segunda mano, el alquiler de prendas o la producción lenta y ética.
“Tenemos que repensar qué compramos, por qué y para qué. La indumentaria no es solo moda: es la piel que elegimos para mostrarnos al mundo. Debería protegernos, no asfixiarnos”, reflexionó Antonella.
En un contexto de competencia feroz y ritmos acelerados, la pausa se vuelve un acto revolucionario. Consumir menos, elegir mejor y valorar el trabajo local son gestos pequeños, pero poderosos. Tal vez no se trate de dejar de comprar, sino de empezar a mirar con otros ojos. Nicoletti remarcó la necesidad de mirar el consumo con otros ojos.
Nicoletti reflexionó sobre la manera en la que elegimos la ropa: Repensar cómo vestimos es también repensar cómo habitamos el mundo. No se trata de dejar de consumir, sino de hacerlo con conciencia. En cada decisión de compra hay un impacto. ¿Queremos seguir alimentando un sistema de desgaste y descarte? O ¿preferimos construir uno donde vestir también sea un acto de cuidado?
La moda consciente
Algunas buenas prácticas para la producción y el consumo que ya se están implementando en otros países (y empiezan a verse acá) son:
- El alquiler de prendas para eventos.
- La economía circular (donar, intercambiar, reparar).
- El uso de biomateriales y fibras naturales.
- El acompañamiento textil en toda la cadena de valor, desde el cultivo hasta la venta.
- Comprar a diseñadores locales
- Apostar al trueque o ferias de segunda mano
- Elegir materiales duraderos y biodegradables
- Reparar antes de descartar
- Preguntar: ¿quién hizo esta prenda?
"La industria textil es responsable del 10% de las emisiones globales de CO₂
Se necesitan 2.700 litros de agua para fabricar una sola remera de algodón convencional"