El cuidado del agua
Cuencas hídricas y su importancia para el buen vivir
Por Marcos Tassi
El estado de un curso de agua refleja la calidad del ambiente en el que estamos, define el investigador y docente Miguel Almirón quien estudia los territorios de Misiones y alerta sobre la importancia de las políticas ambientales.

El investigador y docente Miguel Ángel Almirón, de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM, dirige proyectos vinculados a la gestión territorial, el desarrollo sustentable y los derechos. Desde su perspectiva, el territorio no es solo un espacio físico, sino un entramado social, simbólico e histórico donde se construyen las condiciones de la vida en común.
“Cada persona, cada hogar, cada actor social gestiona el territorio, de manera consciente o no. El gran tema es cómo lo hacemos y si nos sentimos parte de ese paisaje de la vida cotidiana”, sostiene Almirón. El territorio, explica, es donde nacemos, crecemos y proyectamos
nuestro futuro. “Allí reproducimos la vida social y compartimos con otros que también son parte. La gestión pública, la ciencia y los actores sociales forman una trama compleja que debe orientarse a la gobernanza del territorio”.
Uno de los ejes centrales de su trabajo es el análisis de las cuencas hídricas. Las define como espacios modelados por la naturaleza durante millones de años, donde el agua de lluvia se encauza por gravedad hacia zonas más profundas, formando arroyos o ríos. “Todos somos parte de una cuenca, aunque no lo sepamos. La calidad del agua refleja la calidad ambiental del territorio donde vivimos”, advierte.
“Todos somos parte de una cuenca, aunque no lo sepamos. La calidad del agua refleja la calidad ambiental del territorio donde vivimos”


El cuidado del agua es hoy un tema prioritario en la agenda global. Almirón recuerda que tomó impulso tras la Cumbre de Río de Janeiro de 1992 y fue incorporado en la Constitución Nacional de 1994, que reconoce el derecho a un ambiente sano. “El agua forma parte de las grandes preocupaciones planetarias junto al cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad. En Misiones, existe conciencia sobre el tema, aunque persisten desafíos como las condiciones del cultivo de tabaco, la expansión forestal de especies exóticas y la falta de infraestructura cloacal en Posadas”.
Sobre las cuencas urbanas de Posadas y su área metropolitana, el investigador observa un proceso de crecimiento desordenado. “Se produce una metropolización entre Posadas, Garupá y Candelaria, con barrios densamente poblados, escasa infraestructura verde y poca protección de los cursos de agua. Muchos arroyos fueron entubados o invadidos, lo que agrava los riesgos de inundación y deteriora el paisaje urbano”.
Solo algunos casos, como el arroyo Zaimán, conservan áreas protegidas y normativa específica. Sin embargo, Almirón valora los avances legislativos provinciales para la protección de las cuencas hídricas, actualmente en proceso de reglamentación con participación ciudadana.
“El agua forma parte de las grandes preocupaciones planetarias junto al cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad”
Los riesgos ambientales son múltiples: anegamientos por lluvias, contaminación por residuos sólidos o cloacales, pérdida de suelos absorbentes y disminución de la capacidad natural de filtración del agua. “Los plásticos, vertidos y pozos ciegos contaminan ríos y arroyos, afectando la salud y encareciendo la potabilización”, señala.
Frente al modelo hegemónico de urbanización —basado en la ocupación del suelo, el asfalto y la impermeabilización—, Almirón propone modelos de planeamiento sostenibles inspirados en el funcionamiento de la naturaleza. “Las ciudades deberían diseñarse según las curvas de nivel del terreno, conservar galerías naturales con especies nativas y respetar las franjas públicas de acceso al agua. Es necesario integrar humedales urbanos y corredores ecológicos que protejan la biodiversidad y brinden servicios ecosistémicos”.
El investigador también reflexiona sobre el concepto de ciudad inteligente y resiliente: “No se trata solo de usar tecnología o internet, sino de rediseñar nuestras ciudades para vivir mejor. Deberíamos aspirar a una ciudad policéntrica, con empleo, educación y servicios cerca del hogar. Reducir los traslados disminuye accidentes, consumo de combustible y emisiones de gases de efecto invernadero”.

En cuanto a los hábitos ciudadanos y políticas públicas, propone avanzar hacia una cultura de la sostenibilidad y la economía circular. “Debemos desacelerar el consumo, valorar los productos locales, invertir en cooperativas y promover la educación ambiental desde las escuelas. Separar los residuos, reciclar, compostar, reutilizar el agua de lluvia y reducir el uso de plásticos son pasos concretos. La sostenibilidad empieza en el hogar”.
“Debemos desacelerar el consumo, valorar los productos locales, invertir en cooperativas y promover la educación ambiental desde las escuelas”
Finalmente, Almirón destaca la necesidad de articular la investigación universitaria con la gestión pública. “Las universidades producen conocimiento científico y tecnológico que podría fortalecer las políticas públicas. Si ese saber se integrara en la gestión estatal, generaríamos diagnósticos, métodos y evaluaciones más eficaces, con un impacto real en la calidad de vida de la sociedad”.