Tabúes, mitos y enfermedades
La otra cara de la salud sexual
Por Florencia Galarza
En Misiones, crecen las infecciones de transmisión sexual mientras baja el uso del preservativo. Especialistas insisten en que hablar de sexualidad y derribar prejuicios es tan importante como acceder a métodos de cuidado
En Misiones, las cifras de infecciones de transmisión sexual (ITS) como la sífilis, el virus del papiloma humano (HPV) o la gonorrea muestran un crecimiento sostenido. Según datos oficiales, la provincia se ubica entre las de mayor tasa de sífilis en el país. Para Jonathan Cardozo —enfermero del Hospital Materno Neonatal, graduado de la Universidad Nacional de Misiones y docente de la cátedra Materno Infantil en la Escuela de Enfermería de la UNaM—, el problema no se explica solo por la biología, sino también por la cultura, la educación y las decisiones en torno a los métodos anticonceptivos.
En los últimos años, la disminución de embarazos adolescentes se asocia al uso extendido de pastillas, implantes subdérmicos e inyecciones hormonales. Sin embargo, el especialista advierte una consecuencia no prevista: “El preservativo, que es el único método de barrera para prevenir ITS, se usa cada vez menos. La gente se protege para evitar embarazos, pero no para evitar contagios”.

“No existe una edad exacta para iniciar el diálogo. Desde que los chicos son pequeños, hay que enseñarles a reconocer su cuerpo y a cuidarlo”


Esta tendencia atraviesa generaciones. Los adolescentes priorizan evitar un embarazo, mientras que muchas personas mayores de 30 años descartan el uso del preservativo por creer que, con una pareja estable o la edad, el riesgo desaparece. “Es un pensamiento erróneo —afirma Jonathan—. Las infecciones no distinguen edad, sexo, ni nivel social”.
El HPV o virus de papiloma humano, por ejemplo, tiene una incidencia alta en la provincia. Aunque suele asociarse a las mujeres por su vínculo con el cáncer de cuello uterino, también afecta a los hombres, quienes muchas veces son portadores asintomáticos. La gonorrea, en tanto, muestra un 40% de casos en jóvenes menores de 24 años.
Otro obstáculo es la baja frecuencia de controles. El joven profesional recomienda un chequeo anual de laboratorio para detectar infecciones a tiempo: “El test rápido sirve, pero no reemplaza un análisis de serología, que tiene más del 98% de efectividad”.
El panorama se complica con creencias erróneas: que los preservativos gratuitos “no sirven”, que las ITS afectan solo a personas con ciertas características físicas, o que las relaciones sexuales no vaginales no requieren protección. El profesional subraya que las vías de contagio incluyen sexo oral, anal, uso compartido de juguetes sexuales y prácticas que involucren contacto con fluidos.
A estos factores se suma un problema estructural: el tabú para hablar de sexualidad. “No existe una edad exacta para iniciar el diálogo —explica—. Desde que los chicos son pequeños, hay que enseñarles a reconocer su cuerpo y a cuidarlo. Y antes de los 12 años, cuando muchos ya inician relaciones sexuales, es fundamental hablar de métodos anticonceptivos y de prevención de infecciones y enfermedades de transmisión sexual”.
Aunque la educación sexual integral se trabaja en escuelas y espacios de salud, Jonathan señala una deuda pendiente: la formación de padres y tutores. “Ellos no recibieron esa educación y no saben cuándo ni cómo hablar del tema. Muchos creen que conversar sobre sexualidad es incitar a la actividad sexual, cuando en realidad es una herramienta para prevenir”, sostiene el profesional.
La realidad epidemiológica de Misiones muestra que la salud sexual no puede quedar en segundo plano ni limitarse a evitar embarazos. El desafío es integrar información clara, derribar mitos y fomentar prácticas de cuidado que contemplen tanto la anticoncepción como la prevención de infecciones.
“Las infecciones y enfermedades de transmisión sexual no distinguen edad, sexo, ni nivel social”